La duración de cada estado fenológico del cultivo del pepino es muy variable dependiendo de su tipo.

La duración de cada estado fenológico del pepino (Cucumis sativus) varía según el tipo de variedad (Caipira, Aodai, Japonés o de conserva), así como por el sistema de cultivo y conducción (campo abierto, invernadero, tutorado o rastrero).
A diferencia de la mayoría de los cultivos anuales, en el pepino las fases fenológicas suelen superponerse. Después del inicio de la floración, ocurren de manera simultánea el desarrollo vegetativo, la floración continua y el crecimiento de los frutos, lo que convierte al manejo del cultivo en un proceso dinámico y complejo.
La senescencia se presenta incluso mientras la planta sigue en producción, y el ciclo no finaliza de forma abrupta, sino que se define gradualmente por la reducción progresiva en la producción de frutos, más que por una paralización total.
El pepino (Cucumis sativus) es una hortaliza de fruto con una alta demanda de nutrientes durante su ciclo, especialmente a partir del inicio de la fructificación, cuando la absorción se mantiene elevada hasta la senescencia.
Aunque requiere grandes cantidades de fertilizantes, es sensible a excesos y variaciones bruscas en la solución del suelo. El potasio es el nutriente más absorbido, seguido por nitrógeno y calcio, siendo determinante para el rendimiento y la calidad final de los frutos.
El potasio representa el elemento de mayor extracción (≈90% en las últimas semanas del ciclo), esencial para sólidos solubles, sabor y firmeza de la fruta.
La fuente más eficiente es el Nitrato de Potasio (Ultrasol® K de SQM), que combina potasio y nitrógeno nítrico en una relación ideal N/K de 1:3. En etapas cercanas a la cosecha, cuando se busca más potasio y menos nitrógeno, el Sulfato de Potasio (Ultrasol® SOP) resulta óptimo, aportando además azufre para la maduración y peso de los frutos.
El calcio asegura frutos firmes y sanos, previniendo desórdenes como la podredumbre apical. Su absorción depende del flujo de agua en la planta, por lo que en condiciones de alta humedad relativa pueden presentarse deficiencias aun con suelos ricos en Ca.
El Ultrasol® Calcium de SQM aplicado en floración, cuaja y fruto pequeño garantiza un suministro efectivo hacia los frutos.
Nutrientes secundarios como magnesio y azufre también son indispensables: el Mg participa en la fotosíntesis y el S en compuestos orgánicos. Un exceso de K y Ca puede inducir deficiencia de Mg, por lo que es clave mantener un balance nutricional.
La disponibilidad de micronutrientes es esencial para el crecimiento y desarrollo de las plantas. Una deficiencia, aunque sea de un solo elemento, puede limitar el rendimiento incluso cuando los macronutrientes están en niveles adecuados.
El uso de micronutrientes en programas de fertilización ha aumentado debido al cultivo intensivo, la continua extracción por cosechas, la acidez de los suelos y el empleo de fertilizantes de alta pureza que ya no contienen trazas de elementos menores como en el pasado.
Los micronutrientes cumplen funciones vitales en procesos fisiológicos y metabólicos.
En conjunto, estos seis micronutrientes trabajan de manera complementaria con los macronutrientes, asegurando mayor productividad, calidad de frutos y sostenibilidad del cultivo.
Por ello, su monitoreo mediante análisis de suelo y foliar, junto con planes de fertilización balanceados, resulta clave para alcanzar altos rendimientos agrícolas.
El pepino (Cucumis sativus) tiene un ciclo corto y dinámico que varía según el tipo de variedad, el sistema de cultivo (campo abierto o invernadero) y el manejo.
Ocurre entre 3 y 10 días después de la siembra, dependiendo de la temperatura y del método (directa o en bandejas). Es una de las hortalizas que más rápido forman mudas, aunque en el caso del pepino injertado este proceso puede extenderse a 30-40 días debido al tiempo adicional que requiere el injerto.
Es acelerado y se mantiene constante hasta cerca de los 80 días después del trasplante, cuando inicia la senescencia. En paralelo ocurre la floración, independiente del fotoperiodo, aunque factores como temperatura e intensidad lumínica influyen en la proporción de flores masculinas y femeninas.
En condiciones protegidas, la falta de polinizadores fue inicialmente un problema, pero hoy se utilizan híbridos partenocárpicos, capaces de producir frutos sin polinización, lo que aumentó significativamente la productividad.
Se presenta entre 15 y 25 días después del trasplante, y en plantas injertadas puede adelantarse hasta 7-10 días debido al mayor desarrollo fisiológico de la muda. Los insectos cumplen un rol clave en la polinización en campo abierto, mientras que en invernaderos la partenocarpia asegura la producción aun sin polinizadores.
Comienza entre 33 y 44 días después del trasplante en invernaderos, o entre 40 y 70 días tras la siembra en campo abierto. El ciclo total varía entre 60 y 90 días en pepinos no injertados y entre 100 y 140 días en injertados. La cosecha no se define por madurez, sino por tamaño del fruto: 20-25 cm en variedades Japonesas o Aodai, 10-15 cm en Caipira y 5-16 cm en pepinos conserveros.


